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2. Sobre la guerra civil en Irak

DiMaggio: Un argumento corriente contra el freno de la escalada de violencia y la retirada es que Irak podría caer en una guerra civil. ¿Debería la opinión pública estadounidense tomar en serio este argumento? Muchos argumentan que EE.UU. ya está promoviendo la guerra civil en Irak al formar a las fuerzas de seguridad iraquíes para luchar contra otros iraquíes (la resistencia). Además, otros han apuntado que la ocupación estadounidense difícilmente va a cambiar la dinámica de la larga división sectárea y cultural de varios grupos iraquíes (shiítas, kurdos, sunníes); de hecho podría empeorarla exacerbando las relaciones entre los insurgentes/resistencia sunní y los shiítas y los kurdos. ¿Es legítima la argumentación de que EE.UU. debería prevenir una guerra civil?
Foto: Jesús Eloy de Mateo
Otro hecho que se pasa por alto, aunque por fin está comenzando a filtrarse, es la inmensa corrupción de la CPA, comparada con lo cual todo lo atribuido a la ONU empalidece por su insignificancia. No se ha escatimado a la hora de ofrecer mucha información, pero en lo referente a esto, sólo se ha informado de una pequeñísima parte. Se puede seguir. Pero el punto más importante y crucial que se pasa por alto es el juicio de Nuremberg, que declara que la agresión es “el crimen internacional supremo, que sólo difiere de otros crímenes de guerra en que contiene acumulado en sí lo malo de todos juntos”. Todo lo “malo acumulado”. También se pasan por alto las severas palabras del Jefe del Consejo de Justicia de EE.UU., Jackson: “Si algunos actos de violación de los tratados son crímenes, son crímenes tanto si los comete Estados Unidos como si los comete Alemania, y no estamos preparados para dejar de lado una norma de conducta criminal contra otros que no nos gustaría que se invocara contra nosotros... No debemos olvidar que los antecedentes por los que juzguemos a estos acusados serán los antecedentes con el que la historia nos juzgará mañana. Dar a estos acusados un cáliz envenenado es ponerlo igualmente en nuestros propios labios”. Aunque al menos se reconoce esto, cualquier otra discusión se queda en simples notas al pie, y vergonzosas.

Herman: La especialidad de EE.UU. es la destrucción, no la reconstrucción, de acuerdo con la primacía que la elite de EE.UU. lleva mucho tiempo dando a los métodos militares y al uso de la fuerza a la hora de enfrentarse a Estados elegidos. Les salvamos destruyéndoles, y luego pasamos al siguiente proyecto creativo. Así es como funciona incluso cuando tenemos éxito al colocar en el poder un régimen cliente favorable, como en Nicaragua después de la expulsión de los sandanistas o en Afganistán tras la eliminación y dispersión de los talibanes. Ha habido declaraciones explícitas de líderes relativas a que la “construcción de naciones” no es nuestra ocupación: estamos especializados en desmontar, no en construir. En Irak ha habido mucha construcción, pero no mucha reconstrucción. Lo que se ha construido son enormes bases e instalaciones militares de EE.UU., arreglos de las instalaciones para la extracción de petróleo, y muros de protección dentro y alrededor de la Zona Verde, que es esencialmente una fortaleza ocupada dentro de Bagdad. No se ha hecho mucho en beneficio de los iraquíes. Hay dos incentivos para la reconstrucción de Irak: una es servir a las compañías estadounidenses, obviamente sobre todo compañías donantes como Halliburton y Bechtel, interesadas en estos negocios realizados en especial bajo condiciones donde es relativamente fácil saquear, dadas las difíciles condiciones y la confusión fiscal. Hay también un aliciente a la reconstrucción destinada a ayudar a vender el gobierno cliente al pueblo iraquí. El primer incentivo ha sido efectivo, ya que las compañías donantes han obtenido montones de negocios con sobreprecios, pero la mayoría de su trabajo se ha hecho en la base, en la industria del petróleo y en la construcción de la Zona Verde, no en una reconstrucción útil para los iraquíes. El segundo incentivo pudo haber tenido algo de fuerza si no fuera por las dificultades extremas de trabajar en el medio tan peligroso del Irak ocupado, además del hecho de que las prioridades de Bush y el inesperado alto coste de la ocupación han hecho que esta forma de ayuda al gobierno cliente resulte demasiado cara. Así que la ayuda al gobierno cliente se ha reducido a la especialidad de EE.UU.: la pacificación por medio de la violencia
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Foto: Jesús Eloy de Mateo
Chomsky: Los agresores no tienen derechos, sólo responsabilidades. Una es realizar reparaciones masivas (no dar ayudas). La otra es retirarse inmediatamente, a menos que haya gran evidencia de que la población quiere que se queden. Decir que escasea la evidencia en contrario es quedarse corto. La encuesta más reciente (agosto de 2005), llevada a cabo por el Ministerio de Defensa británico y filtrada a la prensa británica de derechas, revela que más del 80% de la población quiere que se vayan las fuerzas de EE.UU. y el Reino Unido, que el 1% piensa que aumentan la seguridad, y que el 45% aprueban los ataques a las fuerzas de EE.UU. y el Reino Unido. Si esto implica a todos los iraquíes, como se informó, significa que la oposición a los ocupantes debe ser mucho mayor en el Irak árabe, donde de hecho están desplegados y actuando. No es tan sorprendente a la luz de las primeras informaciones que se han publicado.

Herman: La guerra de Bush ha puesto en marcha una guerra civil como parte letal del desarrollo de la estrategia de ocupación. El carácter de la ocupación, con su uso letal de la fuerza armada y el severo trato a la población, ha engrandecido y consolidado continuamente una resistencia. Habiendo fracasado en el intento de instalar un gobierno títere con formalidades democráticas, los gerentes de la guerra de Bush optaron por una alianza tácita con los shiítas y los kurdos, a los que se daría un poder simbólico y posiblemente una pizca de poder real en un proceso electoral, pero dejando intactos muchos de los acuerdos legales y de poder de la ocupación y quedándose Estados Unidos para proteger a los nuevos cuasi-soberanos de la insurgencia sunní. Esto provocó e institucionalizó una guerra civil, manteniendo la ocupación como el brazo militar de uno de los bandos. De esta manera, la idea de que Estados Unidos debería quedarse para prevenir una guerra civil es risible: EE.UU. produjo la resistencia y después siguió con una alianza tácita con los shiítas y los kurdos para luchar contra los sunnís en nombre de aquellos dos grupos, mientras intentaba formarlos y armarlos para poder pacificar a los sunníes; o sea mantener una guerra civil con la asistencia directa y la participación de un ejército extranjero.