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Pibes de La Boca
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Articulo aparecido en la revista “Página 12”.
Un año de la muerte del Oso
El piquetero del Comedor Los Pibes de La
Boca caía baleado hace un año por un delincuente
protegido por la policía.
Los vecinos tomaron la comisaría y
todavía enfrentan una causa.
Por Martín Piqué
Hoy se cumple un año del asesinato
de Martín “Oso” Cisneros, el piquetero del
Comedor Los Pibes de La Boca. Cisneros fue asesinado por un
delincuente protegido por la policía en la noche del 25
de junio de 2004. El crimen derivó en una protesta ante
la comisaría 24, que fue tomada por compañeros y
vecinos de la víctima. El episodio se convirtió
en uno de los trances más difíciles de la
gestión de Néstor Kirchner. Un año
después, las 250 familias agrupadas en el comedor lo
recordarán. “Con la muerte del Oso nos sacaron lo
más valioso pero seguimos adelante”, dice
Nicolás Rusconi, 61 años, desocupado, con tres
años y medio en la organización.
¿Cuántas cosas cambiaron en
un año? Hoy a la tarde homenajearán a su
compañero en la “Unidad de
Producción”, una vieja fábrica de grupos
electrógenos ubicada en Suárez y Almirante Brown.
Estarán acompañados por un amplio arco de
agrupaciones sociales, culturales y políticas. El
reclamo central es el esclarecimiento definitivo del crimen.
“El asesinato del Oso fue un asesinato político.
Esto está claro. Hay que tener mala intención
como para no tener en cuenta las pericias de la causa, las
investigaciones periodísticas, las vinculaciones del
comisario. Todo prueba que fue un asesinato
político”, asegura Angel Borello, más
conocido como Lito.
Coordinador del comedor, Borello era amigo
de Cisneros desde su juventud. En los primeros ‘80 ambos
militaban en la Federación Juvenil Comunista de San
Martín. Junto con Luis D’Elía, con quien
ahora está distanciado, Borello encabezó la
ocupación ante la comisaría 24 luego del
asesinato. Los manifestantes reclamaban la detención del
homicida, Juan Carlos Duarte, un personaje del barrio protegido
por la policía, que había sido individualizado
por vecinos de la calle Olavarría, donde se produjo el
asesinato. “Seguimos diciendo que fue un asesinato con
complicidad de la policía pero que el móvil es
político. Duarte tenía dos pedidos de captura
radicados en la misma comisaría, uno por
violación y otro por lesiones con arma de fuego”,
argumenta Borello.
El crimen de Cisneros y la toma de la
comisaría tuvieron consecuencias jurídicas. Por
el asesinato se abrió una causa en un juzgado de
menores, porque en el hecho participó también un
menor de 21 años. Duarte está procesado por
homicidio simple. Se encuentra detenido en el penal de Marcos
Paz a la espera del juicio oral. La ocupación de la
seccional también motivó otra causa, que tramita
en el juzgado federal de Jorge Urso. Hace dos semanas, tras la
intervención de la Cámara Federal, el juez
concedió una eximición de prisión a
más de treinta hombres y mujeres del comedor, entre
ellos D’Elía y Borello, con la condición de
que se comprometieran a informar sobre un eventual cambio de
domicilio. Con ese beneficio podrán seguir en libertad
mientras dure el proceso.
Los compañeros de Cisneros ya se
acostumbraron a los pormenores judiciales. En el juicio por la
toma de la comisaría los defiende el estudio
Otaño Moreno, Albor y Marcovecchio. El comisario
Cayetano Grecco, a cargo de la seccional durante el episodio,
está representado por Marcelo Rochetti, el mismo letrado
que patrocina al ex jefe de la Federal Roberto Giacomino y a
otros jefes en causas por enriquecimiento ilícito. Los
miembros del comedor argumentan que el asesino de Cisneros tuvo
“amparo policial, judicial y político”
porque al momento del crimen tenía dos pedidos de
captura pendientes: uno del Juzgado de Garantías Nº
5 de Lomas de Zamora por robo calificado y otro del juzgado de
instrucción 46, secretaría 134, por
violación y lesiones con arma de fuego.
Presente
Es un día de semana a la tardecita.
Los dos pisos de la “Unidad de Producción”
del Comedor Los Pibes, en Suárez 421, están
comenzando a vaciarse. También la llaman “la
fábrica” y la alquilan desde hace dos años.
Allí producen y venden los emprendimientos productivos,
como las facturas, el pan y los bizcochos de la
panadería. Tras algunos intentos defectuosos
–harina quemada, pan que salía crudo– le
fueron tomando la mano al nuevo oficio: capacitados por el
INTI, los flamantes panaderos (siete en total) trabajan en dos
turnos y hornean 60 kilos de harina por día. El producto
se vende en Suárez 421 y se distribuye casa por casa por
el barrio.
De las 250 familias que pertenecen a la
organización sólo permanecen unas veinte
personas. Están preparando el acto de homenaje,
atareados en cuestiones organizativas. En el fondo de la planta
baja hay dos hombres de unos cuarenta años, un ex
fotógrafo profesional, otro cuentapropista, que ahora se
encargan del turno nocturno de la panadería.
“Acá somos todos iguales, no hay patrón ni
nada. Entramos a las 6 de la tarde y nos vamos a las 12 de la
noche. Y dejamos todo listo para que lo horneen”, dice
Julián Giménez, 70 años, orgulloso vecino
de La Boca. “Vivo a once cuadras.”
Al igual que Giménez, Juan
Palomeque, 59, aprendió el oficio de panadero entre el
curso del INTI y el ensayo y error. “Nuestro pan es mejor
porque es artesanal. No es común como el de las
panaderías”, comenta. Muestra lo que han logrado
comprar juntando 50 pesos de los planes de Autoempleo del
Gobierno porteño durante dos años: “Este es
el horno, ésta la amasadora y ésta la refinadora.
Para que la masa salga más fina, para hacer
hojaldre”, explica. Ya es todo un experto y lo quiere
mostrar. Con el ahorro de 50 pesos por persona durante 2003 y
2004, que se destinaron a un fondo común, el comedor
logró poner en marcha emprendimientos de
panadería, textil, gráfica, serigrafía.
“El que anda mejor es panadería. Por ahora nos
permite financiar lo demás”, comenta Lucas
Yáñez, 30 años, que se encarga de la
administración. “Es el codito de oro”, lo
definen.
El comedor vive también un
desafío complejo. Sus integrantes, además de
luchar por su supervivencia, se están incorporando a la
lucha política. Y no ocultan sus dudas. Esto dispara
muchos debates porque hacia adentro conviven análisis
crudos, pesimistas, con miradas de cierta expectativa.
“Queremos que se aclare el asesinato del Oso. Y lo de
Kosteki y Santillán todavía está
impune”, subraya Katy Segovia, 42 años,
desocupada, ex empleada de una remisería. Sus palabras
encierran, quizás, un debate más profundo, que
está recorriendo las organizaciones sociales.
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Los Pibes de la Boca. Un reportaje de:
Jesús Eloy de Mateo
©2005. report-fotografía.com
Jesús Eloy de Mateo
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